viernes, 15 de mayo de 2009

Sutiles memorias

Nueva y enferma Ariadna, Mar nos ha ofrecido un hilo para iniciar el laberinto. Ayer alguien me dijo que la felicidad estaba hecha de repetición: ver, una y otra vez, a los que amas; comer una aceituna tras otra sin empacarse más de una lata por sesión; volver a leer un poema, volver a mirar una pintura. Pero viene la suerte con su mano de pólvora y hace de nuestro lienzo una "mariposa en cenizas desatada". (Pregunta: ¿del otro lado del Atlántico se usa el verbo "farolear" [presumir]? Daré un ejemplo de su uso en contexto: Jorge suele adornar sus textos con citas gongorinas con el único y encomiable propósito de farolear. No sé si citarlo me granjeará alguna vez un empleo o un romance, pero seguiré intentando). Entonces, Ariadna (que si a Mar molesta que la llame así puede anunciarlo) sugiere escribir para conjurar esta desgracia, y celebro que con esta labor tan suave amanezca nuestro blog (qué palabra más fea, si nadie sugiere algo mejor le llamaré Ramón). Hablemos pues, para que los muertos (hombres y obras) se queden con nosotros. Hay mucha poesía en que una obra se pierda para vivir en la boca de las personas. La biblioteca de Alejandría, por ejemplo, también se nos desató para que muchos bibliófilos la idealizarán con nostalgia. Sugiero un ejercicio: imaginemos la música de los cuadros de Klimt: ¿qué piezas nos gustaría escuchar en esos lienzos? ¿Schubert, La Sonora Matancera, Mahler, José José, Hanna Montana, Satie...?
Ahora, otra estrategia desprestigiada de la memoria (sobre la que quería escribir desde un principio): la biografía breve. Yo tengo entre mis más estimados libros uno que se titula "20,000 biografías breves" [Eduardo Cárdenas (dir.), Hanover, Pennsylvania, Libros de América, Inc., 1963. ] Pocos placeres tan sutiles como acercarme al librero y sostener entre las manos 20,000 vidas memorables. Escuchar un pieza para órgano en la radio y oir la torpe voz del locutor decir que fue escrita por un tal Bucsde%&/$() en el siglo XVII. Correr al librero y buscar y encontrar: "Buxtehude, Dietrich (1637-1707), organista y compositor n. en Helsingborg, Suecia; fue un famoso organista de la iglesia Marienkirche, Lübeck, donde instituyó el Abendmusiken , concierto sagrado anual durante el Adviento; Juan Sebastián Bach caminó 80 kilómetros para oirlo; autor de música para el órgano y cantatas." Entonces me cayó como un tabique en la cabeza: uno puede vivir 70 años y ser recordado en un libro porque un fulano (pero claro, ¡qué fulano!) caminó una barbaridad para oirlo tocar un instrumento. Seguí leyendo, hasta hoy, biografías breves, para coleccionar las más curiosas (que compartiré con ustedes, si gustan, en los días por venir). Las manos de Buxtehude se nos han ido, pero no el placer de imaginar a un gordito luterano que caminó 80 kilómetros para escucharlo y que no se arrepintió y que fue invitado por el prodigioso organista a casarse con su hija (con todos los beneficios en el ambiente musical que eso hubiera conllevado) pero que no lo hizo porque era rotundamente fea.
¿Cuántos kilómetros caminaremos por un placer? Me voy. Esta mañana desayunaré chilaquiles. Rage, rage against the dying of the light. (Dylan Thomas). Jorge.

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